LA HISTORIA

Las nuevas generaciones de nuestras especies de Bourbón y Caturra se encuentran listas para trasplantarse y que empiece a germinar este elixir.


Cuidando minuciososamente su producción orgánica, se garantiza la conservación del ecosistema dentro de un sistema de agricultura sustentable.


En uno de los bellos senderos de la finca, vemos como en sus bordes los cafetos van madurando en condiciones naturales óptimas.


En una altitud de 1400 m.s.n.m. se desarrollan los chulos cafetos, utilizando técnicas orgánicas para mejorar los nutrientes y microorganismos del suelo.

Mediante el cultivo bajo sombra logramos un impacto positivo en el medio ambiente, además de contribuir en mejorar la calidad del producto.

Los granos van madurando, dando una gama de colores tropicales y en los meses de diciembre, enero, febrero y marzo la cosecha del café está lista.


Una temporada muy laboriosa y fructífera para los trabajadores rurales, quienes aportan a la producción de un café mexicano de calidad.


En el “sifón” baja la cereza recién cortada hacia el camión que espera al otro lado de la canaleta.


El furgón cargado de café baja por los senderos hacia la bodega, resguardando la integridad del grano para continuar con su proceso de beneficiado.


El beneficiado comienza con ayuda de estas maquinarias, donde el fruto es seleccionado, despulpado, demucilaginado (se retiran las 2 primeras capas de la cereza) y lavado, obteniendo el café pergamino.


En el patio, el pergamino es secado al sol colocándolo en filas y moviéndolo varias veces durante el día para que los granos se vayan secando proporcionadamente.


Se prosigue a colocarlo en costales para su adecuada transportación. Retirando la capa del pergamino se obtiene el café oro, el cual es llevado a los tostadores para obtener el nivel de horneado que se desee y disfrutar del aroma que libera.


Se calibra el molino según el tipo de triturado que se quiera y se empaca. Solo queda prepararlo para disfrutar una taza de esta chulada de café, único y admirable.